"Hagamos todo por amor, nada por la fuerza, sino por la fuerza del amor."

Celebración de Bodas de Diamante, Oro y Plata de Hermanas, Casa General.

Fecha del evento: 
Jueves, Abril 19, 2018 to Lunes, Abril 23, 2018

“Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades” (Sal 88,2). Hermanas, Dios sigue mostrando su fidelidad y su ternura, su oferta de libertad y esperanza y la seriedad de su amor hacia nosotras. Por eso, a través de todas las edades, la Iglesia no se cansa de cantar sus misericordias.

Con gozo y de manteles largos nos reunimos, los días del 19 al 23 de abril, como Instituto de Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento, en el memorial eucarístico y llenas de gozo festejamos el encuentro entre la fidelidad de Dios y la fidelidad de nuestra superiora general Reverenda Madre Ma. Luisa Mendoza y Grande y las cuatro hermanas que la acompañan: Madres Ana María, Andrade Pinto, Antonia Portillo Aragón, María Ángel Ramos, y María Elvira Saravia Morales, para celebrar con ellas sus cincuenta años al servicio de Jesucristo y de su Iglesia y de las Hermanas: Verónica Arteaga Pérez, Maricela Castrejón Quintero, Elena Marcelina Hernández Félix, Martina Téllez Bocanegra, María Josefina López Ángel, Mercedes Osorio Villanueva, Marta Alberto Valle y Magdalena del Carmen López Miranda que celebran veinticinco años de su profesión religiosa.

Con ellas y como Instituto, alabamos a Jesús Eucaristía que con su gracia hizo posible el largo camino recorrido. Se trata ante todo de cantarle Dios “Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo” (2Cor 1,3) y celebrar “la alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració en el Amado” (Ef 1,6) y así, ensalzar el don inapreciable de la consagración religiosa, con nuestro singular carisma eucarístico mercedario, don inapreciable y magnifico.

A la gloria de la Trinidad una y santa orientamos todo elogio que hacemos a cada una nuestras hermanas, conscientes de devolver como perfume de incienso quemado en su presencia, lo que de su amor gratuitamente hemos recibido. Cincuenta y veinticinco años de vida consagrada imponen el homenaje que debemos a Dios que asocia a sus hijas, nuestras hermanas, a la gloria de sus maravillas y el que merece cada una de ellas como regalo de la misericordia de Dios. No hacemos elogio de los años transcurridos desempeñando diversos servicios, sino del testimonio entregado y la magnanimidad en la ofrenda de su vida, de la irradiación de una maternidad muy amplia de servicio austero alegre y silencioso, entregado con desinterés a Cristo Eucaristía y a su Iglesia. Ofrenda regalada a tiempo y a destiempo, al cuidado y enseñanza de niños, jóvenes y destinatarios de su servicio a través de los años. Una vida de esencia evangélica, sin ruido ni teorías: la de estar vacías de sí mismas y abiertas sin condiciones a lo que Jesús Eucaristía pidiera. De la mano de María de la Merced y en las huellas de María del Refugio han vivido la innegable austeridad de la vida y el trabajo oscuro y silencioso realizado en el opaco deber de cada día al dar la vida por la libertad del hermano.

Cada una de ellas ha hecho de su vida consagrada el legado de María del Refugio “no vinieron a ser buenas sino santas”, han testimoniado la verdad de que nuestro Señor Jesucristo se encarnó y murió en la cruz y la Virgen Santísima padeció acerbísimos dolores, para que nosotros llegásemos a ser no buenas, sino que reclaman nuestra santidad: "Porque después de todo he comprobado que no se goza bien de lo gozado sino después de haberlo padecido. Porque después de todo he comprendido que lo que el árbol tiene de florido vive de lo que tiene sepultado". (Francisco Luis Bernárdez)