"Hagamos todo por amor, nada por la fuerza, sino por la fuerza del amor."

La Fuerza del Espíritu Santo para Desatar la Vida

Estamos en la Semana de Pentecostés y la Liturgia nos recuerda lo vivido en la Resurrección proponiéndonos re-descubrir esa fuerza capaz de sanar la vida, de comunicar esperanza y practicar el perdón. En Pentecostés (Jn. 20, 19‑23) se nos da el Espíritu Santo para que logremos que nuestro proyecto personal y comunitario sea construir una vida digna para todos. Recibimos el Espíritu para que seamos otro Jesús, para que llenemos nuestro entorno de perdón y sanación.

Entre la Resurrección y Pentecostés, nuestra experiencia de fe nos lleva a la realidad de nuestra espiritualidad eucarística-mercedaria: el silencio de Dios y la alegría de la libertad. Dios calla - pedagogía de la gratuidad del verdadero amor- y así nos invita a madurar en nuestra fe y al mismo tiempo es Su llamada a enraizar nuestra libertad en el verdadero amor que va más allá de toda seguridad.

Resurrección y Pentecostés… Eucaristía y Merced nos hacen más conscientes de que si algo podemos, es por pura gratuidad de la vida y de Dios (EE. 322,2-4).

Dios me habla a través de su silencio y su alegría, y por ello voy adquiriendo una nueva sensibilidad e inteligencia para vivir como Jesús-Eucaristía. Lo que Dios me dice en mi diario encuentro con Él de ‘oración-adoración’ sólo puedo acogerlo en la sencillez de la fe y lo realizo en la radicalidad de una actuación comprometida a favor de la vida, de los pobres, el esclavo y el triste.

El amor y por tanto el lenguaje de Dios, no es simplemente una vivencia emocional sino obras concretas de fraternidad y solidaridad, que son el test de la veracidad del amor (Sn. Ignacio; Arzubialde sj)

Ven Espíritu Creador e infunde en nosotros la fuerza y el aliento de Jesús. Con tu impulso nuestra esperanza se mantendrá viva. Con tu gracia recordaremos siempre el rostro bueno de Dios. ¡Ven y enséñanos a escuchar a Jesús en su Evangelio y en la Historia! Con tu luz y tu guía, nos liberaremos de nuestros errores y mentiras; nacerá lo nuevo y verdadero entre nosotros. ¡Ven y conviértenos en discípulos y testigos de Jesús! Con tu calor y tu alegría viviremos amparados en el amor del Padre. ¡Ven y enséñanos a orar con las palabras y el corazón de Jesús! Con tu presencia, nuestra comunión será seductora, desaparecerán las divisiones, dialogaremos como hermanos, aumentará el respeto y la tolerancia. ¡Ven y aviva en nuestro corazón y en nuestras manos el amor fraterno que nos hace parecernos a Jesús! ¡Ven Espíritu Santo y contágianos la libertad de Jesús! (Cf. José Antonio Pagola)