"Hagamos todo por amor, nada por la fuerza, sino por la fuerza del amor."

Nuestros patrones de pensamiento y no los acontecimientos, son los que nos hacen felices o infelices. Fiesta de Cristo Redentor – termina Tiempo Ordinario

La liturgia en la solemnidad de la fiesta de Jesús como Rey del Universo nos invita a fijar la mirada en Jesús que nos recuerda que «su reino es ‘reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz».  Jesús nos ha entregado su reino y lo ha hecho con cercanía y ternura. Él es el pastor que ama a su rebaño: busca, reúne, conduce, hacer reposar, buscar a la oveja perdida, venda la herida, cura a la enferma, cuida, pastorea... Él realmente es el ‘gran pastor de las ovejas y cuidador de su rebaño’. ‘Es necesario que Él reine hasta que no haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies’ Jesús no es un rey de este mundo por lo tanto el tiempo del reino de Cristo es el largo tiempo de la sumisión de todo al Hijo y de la entrega de todo al Padre. ‘El último enemigo a ser aniquilado será la muerte’. Y al final, cuando todo habrá sido puesto bajo la realeza de Jesús, y todo, también el mismo Jesús, habrá sido sometido al Padre, Dios será todo en todos. (1 Cor 15, 28).

El Evangelio, la Buena Nueva, nos recuerda que la cercanía y la ternura son la regla de la vida en el tiempo y sobre esto seremos juzgados ‘Venid benditos de mi Padre, recibid en herencia el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo, porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed … era un extranjero … estaba desnudo y enfermo, en la cárcel y me visitaron… todo lo que han hecho en su tiempo a uno solo de estos mis hermanos más pequeños lo han hecho a Mi’ (Mt 25,40). Demostremos haber acogido la realeza de Jesús, haciendo ‘tiempo’ en nuestro corazón a la caridad de Dios. Jesús con su victoria nos ha abierto su reino eterno, pero depende de cada uno de nosotros entrar, iniciando en esta vida temporal, el caminar a la vida eterna. El reino inicia ahora, concretamente en el tiempo dado al hermano que nos pide pan, vestido, acogida. libertad, dignidad y solidaridad.

Hagamos crecer en nosotros la alegría de entregar nuestra vida temporal en la vía del Evangelio, la decisión de tomarlo como brújula de nuestra vida en ‘eucaristía y merced’ … sigamos las huellas de nuestra Venerable Madre María del Refugio, imitemos su fe y su caridad, para que nuestro tiempo se revista de inmortalidad. No nos dejemos distraer por otros intereses terrenos pasajeros, temporales.... y sea María de la Merced, la Madre y Reina de todos los santos la que nos lleve de su mano al reino eterno prometido por Cristo.

La palabra alemana para ‘tiempo’ es zeit, de la raíz indogermana dai que significa ‘partir, dividir, destrozar’. Los griegos tienen dos conceptos para ‘tiempo’ chrónos y kairós para comprender el tiempo y hórai son las deidades agradables que regalan a los hombres la primavera y favorecen el crecimiento de los granos y las uvas. Cada hora está llena de vida, es la oportunidad de que algo crezca, madure y florezca.

El poeta Hesiodo nos habla de tres hórai, que son hijas de Zeus y Tamis, a) eunomia medida correcta; b) dika justicia y c) Eirene paz. Así las horas han de llevarnos a un orden interno y darnos paz. Los griegos hablan de aquello que está en armonía con la hora horaíos porque bello es aquello que corresponde a la justa medida. Quien vive en contra del tiempo nunca estará en armonía y no irradiará belleza en su vida.

Las hórai traen, para ellos, los mensajes y como cristianos hablamos de ángeles que nos recuerdan que cada instante pertenece a Dios. Frieddrich Schiler nos dice “el tiempo es el ángel del hombre”.

Nuestro tiempo es limitado y debemos vivirlo consciente y plenamente. Nos remite a aquello que está más allá, al lugar del silencio, donde el tiempo se detiene, donde sólo es el presente, donde Dios vive en nosotros. Allí participamos del instante puro, de la eternidad sobre la cual el tiempo no tiene injerencia.

Los romanos usaron el vocablo tempus que viene de témno, cortar o partir como el sol que hora tras hora corta un pedazo del cielo. De témno también viene la palabra templum templo lugar demarcado, sustraído del ámbito de uso de los hombres y consagrado a los dioses. Es de vital importancia el que todo ocurra in tempore, a tiempo, en el momento justo. El tiempo pertenece a Dios y lo ha puesto a nuestra disposición para que lo utilicemos.

En latín las dos palabras relacionadas con tempus son temopestas y temperare. Temperare es darle medida y objetivo a una cosa; dirigir, guiar, regir; disponer todo de forma correcta, organizar el tiempo de manera apropiada y observar la justa medida de tiempo. Dirigir es el arte de organizar el tiempo de una manera efectiva y razonable para que llegue a ser un buen tiempo.

La Biblia usa las palabras griegas chrónos y kairós con plena conciencia. Cuando marcos dice “en aquel tiempo se presentó Jesús…” utiliza kairós ‘tiempo bueno’. Jesús mismo empieza su prédica con esas palabras: “El tiempo (kairós) se ha cumplid, el Reino de Dios está cerca…” (Mc1,15) Con Jesús empieza una nueva era. El tiempo pertenece a Dios y se cumple para el hombre cuando Dios reina en él. Cuando el tiempo es determinado por Dios, éste es sanador. El tiempo en el que Dios reina hace bien, es salvación y redención. El ser humano debe reaccionar en consonancia con esa llamada a la conversión. La palabra griega para “convertirse” es metanoein “cambiar la forma de pensar” o “transformarse” ir más allá de sí misma y mirar más allá de las cosas. Es vivir confiados, sostenidos por la presencia sanadora de Dios. Estar en el instante presente: Dios reina en este instante y donde Dios reina somos libres.

La Buena Nueva Evangelium es la noticia que nos lleva a encontrar nuestro hogar en las buenas palabras que Jesús nos proclama… tiempo impregnado de buenas palabras… buenas palabras que nos dan ‘hogar’ donde podemos reposar; espacio en el que podemos ser. Jesús y su palabra no pasa, perdura más allá del tiempo. Jesús nos llama a vivir tranquilos en su Buena Nueva, acá en medio del tiempo y después de la muerte, más allá de éste.

Que la fiesta de Cristo Rey nos lleve a darnos cuenta de que vamos por esta vida de paso y que debeos ocupar nuestro tiempo en amarnos y servirnos como hermanos para llegar a oír ‘Venid benditos de mi Padre, recibid en herencia el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo”