"Hagamos todo por amor, nada por la fuerza, sino por la fuerza del amor."

Presentación de María al Templo - Noviembre 21

Nos dice la tradición que Joaquín y Ana, piadosos israelitas, presentaron a la Niña en el templo a la edad de tres años, y allí permaneció en compañía de piadosas doncellas, dedicada a la oración y al servicio del templo. El voto de Joaquín y Ana y la ofrenda de Nuestra Señora en el templo encaja perfectamente dentro del ambiente religioso y psicológico del pueblo de Israel.

Entre las numerosas fiestas establecidas por la Iglesia cristiana en honor a la Virgen María, la de su Presentación en el templo es una de las pocas con que la ensalza la Iglesia universal. Celebrada el 21 de noviembre, esta fiesta constituye una de las cuatro festividades marianas que la cristiandad occidental tomó de la oriental, junto a las de la Anunciación, la Natividad y la Asunción.

Los pormenores con que se revistió el acto del ofrecimiento de María al templo se incorporaron desde temprana fecha a la tradición cristiana a través de relatos apócrifos, siguiendo el ejemplo del Protoevangelio de Santiago (c. siglo II), el Evangelio del Pseudo Mateo (c. siglo IV) y el Libro de la Natividad de María (c. siglo IX).

El Papa Francisco nos invita a ver a María como un vaso siempre rebosante de la memoria de Jesús, Sede de la Sabiduría, al que podemos acudir para saber interpretar coherentemente Su enseñanza porque todos estamos llamados a sumergirnos en este océano, a dejarnos regenerar para vencer la indiferencia que impide la solidaridad y salir de la falsa neutralidad que obstaculiza el compartir.

La Iglesia nos hace contemplar a María como icono de paz y oración. María es Sede de la Sabiduría y a Ella podemos acudir para saber interpretar coherentemente las enseñanzas de Cristo Redentor. Donde no puede llegar la razón de los filósofos ni los acuerdos de la política, llega la fuerza de la fe que lleva la gracia del Evangelio de Cristo, y que siempre es capaz de abrir nuevos caminos a la razón y a los acuerdos. Bienaventurada eres tú, María, porque has dado al mundo al Hijo de Dios; pero todavía más dichosa por haber creído en ∂Él; derrama sobre nosotros tu bendición y muéstranos, día a día, el rostro de Jesús, Pan de Vida, que derrama sobre nosotros su misericordia, su paz y nos llena de la alegría de la vida eterna.